Para Freia, que se preocupa de esta página
Fumaba fingiendo -como siempre- no haberme visto. No debe de gustarle demasiado que yo me la tope cuando está tan sola. Lo entiendo. A mí me molestaría lo mismo.
He decidido retomar esta bitácora para hablaros de esta mujer. No la conozco ni he hablado jamás con ella, pero es fácil encontrársela cuando salgo de casa. Si no la veo, la busco hasta reconocerla, como si la echara de menos. Cuando la veo, me entristece y alegra su encuentro. Es la vagabunda de Shönenberg. Una mujer de mediana edad que parece una vieja. En ocasiones, simplemente una rubia y alcohólica empedernida; la mayoría de las veces, sin embargo, una dama solitaria y coja.
11 Kommentare:
Ahora sí, MEga admirada, me acabas de dejar absolutamente cercana. Tendré´que deglutir muchísimos libros inocuos para ocultarme la conocida imagen de la vagabunda.
Un abrazo,
Gemma, haré un punto y un seguido para encontrarme con este delirio.
Etílico abrazo.
Sergio Astorga
¡Qué bueno teneros a ambos de "Verfolger"! ;-P
Sed bienvenidos a estos puntos seguidos, si bien con demasiadas pausas.. A ver si consigo poner remedio...
Besos
Mi Gemma querida.
Gracias de corazón por esta entrada. Sabes que para mí este blog siempre fue el sitio preferido para tomar café juntas y hablar bajito.
Tenía muchas ganas de que ese punto y seguido volviera a serlo. Me sentía hasta un poco huérfana de él.
Es tan cálida la sensación de volver a estar de nuevo aquí...
Y la vagabunda de Schönenberg (hermoso nombre) siempre nos acecha tan de cerca...
Heute hat diese virtuelle Welt eines gewinnendes und besonderes Lächeln. Bitteschön, meine liebste Zauberin. Für immer.
Encantada de recuperar este espacio para la confidencia.
Hoy he vuelto a encontrármela.
Unos niños estaban pitándoles a ella y a su compañero con unos silvatos de juguete. Críos turcos que se crecen contra mendigos alemanes. Lo de siempre: la ley de la selva...
Sin poder evitarlo, les he gritado -selvática yo también- en castellano: ¡Sois unos pesados!
Caras de asombro. Y de no entender nuestro comportamiento. F. iba conmigo. Besos
Silbatos, silbatos, silbatos...
No era una errata. En la selva se usan silvatos.
Seguro que a la vabunda le encantaría saber que también es una dama solitaria y coja.
Es de una discreción absoluta. Tendrías que verla, Nano. Lleva a cuestas toda la dignidad de la pobreza.
Un beso gordo con silvato ;-P
Vengo del blog de Araceli y tengo la impresión de entrar en un sitio oculto, pero que a mí me ha encantado porque os conozco y reconozco en estas fotos de celebración que me producen una envidia sana.
Tu entrada es muy emotiva y familiar, querida Gemma, hace años conocí a otra vagabunda que se alojaba a los pies del bloque de piso donde vivo. Daba gusto de verla, era muy limpia y aseada a pesar de la dificultad para llevar a cabo su aseo diario.
Me inspiró un cuento, os pongo el enlace de mi blog por sino lo habéis leído:
http://elcosturerodeisabel.blogspot.com/2008/10/51-segunda-piel.html
Siento interrupiros, pero ha sido un placer contemplaros.
Besos a todas-os.
Sé bienvenida, Isabel, a este otro lado. Lo cierto es que este blog hasta hace poco era medio secreto, y sin embargo recibe encantado a todo aquel que aterrice (ya sea por despiste o extravío) por aquí.
Prometo echarle un ojo a tu relato, que casi estoy por decir que no es micro, sino macro.
Muchas gracias, y un beso
Meine liebste Zauberin,
Como siga Vd. así el punto y seguido se va a convertir en aparte. Y sabe de sobra que no me haría ninguna gracia.
¿Qué fue de su escritor, que me tenía enamorada y de esos poemas de juventud que tanto me gustan?
¡Venga, venga, mi querida MegaMaga! A desempolvar el punto... no me haga Vd. eso...
Mil abrazos grandes y mil besos con ellos.
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