Freitag, 16. Januar 2009

Los objetos de mi mesa

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Si las cosas hablaran –
pero si hablaran, también podrían mentir.
Sobre todo las más corrientes y poco apreciadas,
para llamar finalmente la atención.
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Wislawa Szymborska, "Si", de Amor feliz y otros poemas (2007)
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¿Definen a una persona los objetos desperdigados sobre su mesa de trabajo un día cualquiera? Me lo pregunto porque, ahora mismo, tengo en la mía -lámpara, portátil y ratón con alfombrilla aparte-, un tubo de crema de manos, Handcreme mit Olivenöl, eine Intensive Pflege für trockene Hände; un subrayador verde Pelikan, Textmaker 490; un bolígrafo de tinta negra aunque de plástico plateado; un rotulador de esos de pizarra, edding 3000, permanent marker, rojo; una goma de borrar de marca ilegible o borrada, valga la redundancia; un folleto sobre la Agencia Tributaria, para EMPRESARIOS Y PROFESIONALES, PERSONAS FÍSICAS todas ellas, menos mal; un estuche rojo a cuadros escoceses; una piedra; un pájaro de colores de plástico que canta como un jilguero si le das un empujoncito con el dedo índice; un vaso de agua con su correspondiente posavasos; una miniagenda del año 2007, con teléfonos del 2009, y unos pañuelos de papel Menthol. Eso es todo.
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Llegados a este punto, no puedo dejar de preguntarme por qué caprichoso motivo esa lista absurda y circunstancial de objetos que hoy parecen dormir el sueño de los justos sobre mi mesa iba a tener que definirme mucho más que no aquellos otros que una vez fueron, en mi infancia por ejemplo, o aquellos que jamás existirán, y cuya ausencia sin embargo no puedo dejar de añorar. ¿Alguna idea?
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Kommentare:

Freia hat gesagt…

¡Ufff Mega! Bien difícil contestar tu pregunta. No creo que los objetos que en un momento dado nos rodean nos definan o den pistas reales sobre nosotros. Los que ahora hay sobre mi mesa son: scanner enorme, impresora, pantalla con cámara web encaramada en lo alto, lámpara, lector de DVD, tablet electrónica para dibujar y firmar, unos auriculares, dos discos de Schütz, uno de jazz, el ratón, los altavoces, un secante, una bola del mundo pequeñita, un bote cargadísimo de lápices, un calendario de mesa, un blog de notas y mi inseparable moleskine negra. Y salvo esta última, los discos y los auriculares, nada de ello me define. Estoy convencida de que dicen más de nosotros los objetos que nunca existirán o los que nos acompañaron de niños.

Yo también pregunto. ¿Cómo se puede añorar algo que no ha existido nunca? A mí me ocurre a veces y no soy capaz de explicarlo... Se supone que no se puede echar de menos lo que nunca se ha visto o tenido y, sin embargo...

Mega hat gesagt…

Lo preguntaba porque, de pronto, al observar mi mesa, caí en la cuenta de que todos los escritorios son -de hecho- intercambiables..., por mucho que haya dos o tres objetos aislados en ella (y, por tanto, poco representativos por sí mismos) que nos distingan a nosotros solos.

Me consuela ver que coincidimos, meine Gräfin.

...Y, sin embargo, a mí me ocurre bastante a menudo. Tal vez el hecho de constatar de golpe la existencia de una ausencia (valga la paradoja) sea lo que más nos defina.
Besos


Mi primer premio... ¡Qué ilusión!